
Santo Domingo.-Gobernar en tiempos de estabilidad ya supone un gran desafío. Hacerlo en medio de crisis sanitarias, conflictos geopolíticos, fenómenos naturales y tensiones migratorias convierte cualquier gestión en una prueba permanente.
A casi dos años de su segundo mandato y cerca de seis años al frente del país bajo el Partido Revolucionario Moderno (PRM), al presidente Luis Abinader le ha correspondido dirigir la República Dominicana en medio de cinco grandes crisis que han impactado directamente la economía y la vida de los dominicanos.
La primera y más devastadora fue la pandemia del COVID-19. El coronavirus paralizó el mundo, provocó millones de muertes, cierres masivos de empresas y un colapso económico sin precedentes. En República Dominicana, uno de los sectores más golpeados fue el turismo, principal motor de la economía nacional. Sin embargo, el Gobierno logró manejar la crisis sanitaria con rapidez, impulsó el proceso de vacunación y el país se convirtió en uno de los primeros de la región en avanzar hacia la reapertura y el desconfinamiento.
La segunda gran crisis llegó con la guerra entre Rusia y Ucrania. El conflicto disparó los precios internacionales del petróleo, los fertilizantes y los alimentos, afectando especialmente a economías dependientes de las importaciones, como la dominicana. Frente a este escenario, el Gobierno implementó subsidios a los combustibles y medidas de apoyo para contener el impacto sobre la población.
A esto se suma la compleja situación de Haití, una crisis permanente que ha obligado al Gobierno dominicano a enfrentar retos migratorios, fronterizos y de seguridad. El deterioro político, económico y social del vecino país, junto al conflicto por las aguas del río Masacre, ha mantenido una presión constante sobre las autoridades dominicanas.
Otra de las dificultades que ha marcado esta gestión han sido los fenómenos atmosféricos. Tormentas y ciclones han causado daños en comunidades y sectores productivos, obligando al Estado a mantener una respuesta constante ante las emergencias y a asistir a miles de familias afectadas.
La quinta crisis es la más reciente: el conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán. La tensión en Medio Oriente ha generado incertidumbre en los mercados internacionales y complicaciones en el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz, elevando nuevamente los precios del crudo y amenazando con nuevas alzas en combustibles y alimentos.
Cada una de estas crisis ha representado desafíos distintos, pero con un mismo impacto: presión sobre la economía y sobre el bolsillo de los ciudadanos. Más allá de simpatías políticas, es innegable que los gobiernos de Luis Abinader han tenido que administrar el país en un escenario internacional especialmente complejo.
El verdadero reto ahora será mantener la estabilidad económica y social en medio de un mundo cada vez más incierto y cambiante.
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